Como si de un capítulo de Metalocalipsis se tratara, a los muchachos de Metallica se les ocurrió una experiencia única. La serie de éxito danesa tiene mucho que deber a la genialidad representada por los californianos y la carisma que los mantiene en lo más alto del panorama musical en general. Cuando todo es paz armonía y rehabilitación en la viña del señor el Metal puede tener estas cosas, ese espíritu de equipo y de trabajo. En el afán por llevar la música de Metallica por lugares tan recónditos como Sanghai o Filipinas se coló el infierno blanco más inhabitable de todos, la Base Carlini de la Antártida, como anillo al dedo para nombrar tan remarcable evento. Para mi poca o ninguna importancia tienen los hándicaps impuestos por los puristas: Que si el concierto fué estilo silent disco, que si podría haber sido algo ultramultitudinario, que si la puesta en escena no llegaba a la suela de los zapatos del minimalismo tan rechazado por Metallica que si bla, que si bla que si bla bla bla.... el concierto en la Antartida solo estaba programado para 100 y algo privilegiados y otros tantos científicos que ayudaron a dejar entreabiertas las puertas del Heavy Metal para todas las clases y razas de personas, como estos no tan chavales siempre han intentado ofrecer. Incluso las focas, osos polares y pingüinos del terruño contemplaban impasibles la grandeza de los clásicos durante poco más de una hora.
Para el que no haya tenido oportunidad siquiera de ver algún video aquí está el concierto integro.
