DE THUNDER ROAD A LA ETERNIDAD...
Si alguna canción puede definir la filosofía Springsteeniana
y el modus vivendi de un servidor esa sería el binomio compuesto por las
complementarias entre si Thunder Road y Born to Run, álbum homónimo a la
segunda citada del "Boss" y que lo proyectaron como una figura
planetaria, indiscutible encima de un escenario y como el "Presente y
futuro del rock and roll".
Un Springsteen con el disfraz de bailarín de claqué del más en forma Elvis, el imbatible boxeador campeón del mundo de la época, una sensibilidad social propia de Bob Dylan y un tímido heroismo, remake del "On the Road" de Kerouak empezaba a saber lo que es conquistar más de 50.000 almas con los pelos más de punta que los dominantes y efímeros punkies de la época, a su vez estos veían de cerca lo que significa deborar un escenario, hambriento como el que acude a un buffet wok, con entrantes, tres platos, postre y esos 12 flanes que todos nos comemos. La inspiración, como diría García Lorca, pilló a Bruce y a toda su banda en las interminables horas de trabajo y un cocktel de talento, espontaneidad y trabajo duro consiguieron que instrumentos, gargantas, letras y una inusual demostración de poder se alinearan para crear una de las más celebradas obras de arte contemporáneas allá por 1975. Springsteen hizo suya la imagen del Lobo Solitario, el motero que tira de las orejas a una custom con la única compañía de su Telecaster desgastada, la personificación de la dureza del rudo obrero de fábrica o la carne de andamio, transformada en James Dean cuando la jornada laboral termina, el mayor enemigo de lo establecido y de la normalidad de las vidas ajenas, la rosa nacida del cemento representada por la única debilidad del antihéroe que no es otra que la chica deseada, la que ocupará el asiento de al lado si viajamos en un Camaro construido por nuestras propias manos, fruto y resultado de nuestro propio trabajo, sudor y heridas en las manos.
Thunder Road es la canción eterna por antonomasia, el cordero de Dios que quita el pecado del Mundo, el ABC de una nueva ideología rockera y de la vida, en 1975, hoy, dentro de 8 horas, en 2028 y en el año 3000 siempre y cuando la política no haya engullido el mundo que ahora conocemos…, es el tener las agallas suficientes de no ser pateado en el culo por los buitres de los que no queremos ser su carroña. La canción que abre el Born to Run y eriza los pelos de sálvese la parte de la humanidad al escucharla es un ejercicio de redención, el purgatorio que otrora escribió un inspiradísimo Dante Alighieri, un camino, esta vez mucho más terrenal y mundano en el que las bestias y las llamas son fuel quemado, bares de carretera y muchas, muchas líneas discontinuas sobre una alfombra de asfalto hacía el cielo, cielo que es como no la felicidad. La Carretera del Trueno es el relato poderoso, el músculo de un Springsteen que se considera innatamente poderoso esta noche, el que se mira al espejo y ve a su debilidad, morena de ojos azules y de altura media paseándose con sus amigas sobre el hormigón incandescente, peligroso y movedizo.
La alegoría de la palabra no pronunciada porque con una mirada, un saludo basta para decir: “Toma mi mano aunque no luzcas lo mejor que puedas eres mucho más de lo que siempre podré soñar, no soy un héroe, eso está claro pero todo lo que puedo ofrecerte está tras un SI en este peligroso viaje, cabalga conmigo por esta carretera serpenteante, podemos mejorar todo si corremos, solo con huir de este pueblo lleno de perdedores, donde ni tu ni yo merecemos ni merecen que nos quedemos para ganar…”
Un Springsteen con el disfraz de bailarín de claqué del más en forma Elvis, el imbatible boxeador campeón del mundo de la época, una sensibilidad social propia de Bob Dylan y un tímido heroismo, remake del "On the Road" de Kerouak empezaba a saber lo que es conquistar más de 50.000 almas con los pelos más de punta que los dominantes y efímeros punkies de la época, a su vez estos veían de cerca lo que significa deborar un escenario, hambriento como el que acude a un buffet wok, con entrantes, tres platos, postre y esos 12 flanes que todos nos comemos. La inspiración, como diría García Lorca, pilló a Bruce y a toda su banda en las interminables horas de trabajo y un cocktel de talento, espontaneidad y trabajo duro consiguieron que instrumentos, gargantas, letras y una inusual demostración de poder se alinearan para crear una de las más celebradas obras de arte contemporáneas allá por 1975. Springsteen hizo suya la imagen del Lobo Solitario, el motero que tira de las orejas a una custom con la única compañía de su Telecaster desgastada, la personificación de la dureza del rudo obrero de fábrica o la carne de andamio, transformada en James Dean cuando la jornada laboral termina, el mayor enemigo de lo establecido y de la normalidad de las vidas ajenas, la rosa nacida del cemento representada por la única debilidad del antihéroe que no es otra que la chica deseada, la que ocupará el asiento de al lado si viajamos en un Camaro construido por nuestras propias manos, fruto y resultado de nuestro propio trabajo, sudor y heridas en las manos.
Thunder Road es la canción eterna por antonomasia, el cordero de Dios que quita el pecado del Mundo, el ABC de una nueva ideología rockera y de la vida, en 1975, hoy, dentro de 8 horas, en 2028 y en el año 3000 siempre y cuando la política no haya engullido el mundo que ahora conocemos…, es el tener las agallas suficientes de no ser pateado en el culo por los buitres de los que no queremos ser su carroña. La canción que abre el Born to Run y eriza los pelos de sálvese la parte de la humanidad al escucharla es un ejercicio de redención, el purgatorio que otrora escribió un inspiradísimo Dante Alighieri, un camino, esta vez mucho más terrenal y mundano en el que las bestias y las llamas son fuel quemado, bares de carretera y muchas, muchas líneas discontinuas sobre una alfombra de asfalto hacía el cielo, cielo que es como no la felicidad. La Carretera del Trueno es el relato poderoso, el músculo de un Springsteen que se considera innatamente poderoso esta noche, el que se mira al espejo y ve a su debilidad, morena de ojos azules y de altura media paseándose con sus amigas sobre el hormigón incandescente, peligroso y movedizo.
La alegoría de la palabra no pronunciada porque con una mirada, un saludo basta para decir: “Toma mi mano aunque no luzcas lo mejor que puedas eres mucho más de lo que siempre podré soñar, no soy un héroe, eso está claro pero todo lo que puedo ofrecerte está tras un SI en este peligroso viaje, cabalga conmigo por esta carretera serpenteante, podemos mejorar todo si corremos, solo con huir de este pueblo lleno de perdedores, donde ni tu ni yo merecemos ni merecen que nos quedemos para ganar…”
Yo, Moisés, intentando sacar el último solo del Thunder Road, con paupérrimo resultado por ahora...


Hola Moi. A ver si pones un gadget de seguidores, jejeje. Ya me ire pasando por aqui. Saludos de Supermendo. Viva la cerveza FRIGIDA.
ResponderEliminarLo de los gadgets ya vendrá impacientes por ahora solo rock and roll...
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